1 Kazragar

Formas De Volver A Casa Analysis Essay

Barcelona. Anagrama. 2011. ISBN 9788433972279

Formas de volver a casa, Alejandro Zambra’s third novel, is the logical continuation of his two previous works: Bonsái (2006) and La vida privada de los árboles (2007), in which Zambra explored the intimate narrative. The master of a focused and refined style, Zambra attains in this latest novel perhaps his most personal voice, one crafted in simple, unadorned language.

Even so, it is surprising to encounter a Chilean author such as Zambra (b. 1974), who after the great narrative projects of the Boom authors of Latin America has found a way to unite the political with the personal in such an unusual way. Formas de volver a casa constitutes a daring new look at the insipid side of military dictatorship: the story of the children of those parents who lived under the dictatorship; people who were nonpolitical; people for whom the Pinochet government was the nightmare of others, never for themselves.

The novel tells the story of an author who returns to the family home and to his former childhood neighborhood. There he finds Claudia, a former neighbor with whom he had been in love many years before. The reunion with Claudia explains many events from the protagonist’s past and how some of these have shaped his life in the present. The novel begins when the author as a child becomes lost and his parents are unable to find him. Getting lost and returning home become a recurring metaphor throughout Zambra’s novel: Who are the ones who get lost? Who are the ones who can or know how to return? To what place does one return? “Once, I got lost. I was six or seven years old. I was walking along, distracted. Suddenly, I couldn’t see my parents anywhere. I was frightened, but soon I found my way and arrived home before them—they were still looking for me, frantically. That afternoon I thought that they were the ones who had gotten lost. That I knew the way back and that they did not.”

Formas de volver a casa is in a sense the story of children, or more precisely about children settling a score with the past and with their own families. However, the journey to the past is unrewarding and difficult. It reveals the least heroic aspects of the protagonist’s life: he was not a victim of the dictatorship, and his parents most likely supported Pinochet. The past, which had previously seemed inoffensive, even trivial, becomes a threatening cloud under which the protagonist has to accept the futility of his present life, the absence of heroism, and the disenchantment of belonging to a middle-class Chilean family that did nothing more than survive in the dictatorship. 

One of the great merits of Formas para volver a casa is that it is a book that no previous Chilean author has written about the dictatorship; a necessary and beautiful story that captures the complex experience of daring to face banality, which reminds us that sometimes what we find upon returning home is something we had not wanted to see in the first place, or at least not see so close up.

Marcelo Rioseco
University of Oklahoma

NÚM. DE PÁGINAS:168
COLECCIÓN:Narrativas hispánicas

Formas de volver a casa habla de la generación de quienes, como dice el narrador, aprendían a leer o a dibujar mientras sus padres se convertían en cómplices o víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet. La esperada tercera novela de Alejandro Zambra muestra el Chile de mediados de los años ochenta a partir de la vida de un niño de nueve años.

El autor apunta a la necesidad de una literatura de los hijos, de una mirada que haga frente a las versiones oficiales. Pero no se trata sólo de matar al padre si no también de entender realmente lo que sucedía en esos años. Por eso la novela desnuda su propia construcción, a través de un diario en que el escritor registra sus dudas, sus propósitos y también cómo influye, en su trabajo, la inquietante presencia de una mujer.

Formas de volver a casa ha recibido el Premio Altazor y el Premio del Consejo Nacional del Libro de Chile en 2012.

Con precisión y melancolía, Zambra reflexiona sobre el pasado y el presente de Chile. Formas de volver a casa es la novela más personal de uno de los mejores narradores de las nuevas generaciones. Un libro que ratifica lo que Ricardo Piglia ha dicho sobre Alejandro Zambra: "Un escritor notable, muy perceptivo frente a la diversidad de las formas."

«Con rabia y melancolía, este valioso libro pone en cuestión la crisis de un país, de la familia y de un hombre desgastado que a pesar de todo no claudica ante la soledad. Formas de volver a casa es una novela que logra configurar de manera formidable la politicidad de la sobrevivencia en un día a día que reposa en la fragilidad de la utopía individual, ligada a los afectos y a la concepción de una literatura en conjunción con la vida, al modo de un registro de los fracasos y, principalmente, de los aguantes» (Patricia Espinosa, Las Últimas Noticias).

«Zambra utiliza en esta novela un magnífico lenguaje, a la sombra de Carver: precisión, tristeza, crueldad, ternura» (Joaquín Arnáiz, La Razón).

«Zambra escribe con sutileza y habilidad, con un estilo que parece aprendido en la escuela de Hemingway, y posee la destreza suficiente para mantener la atención del lector» (Ricardo Senabre, El Cultural, El Mundo).

«La novela es un ajuste de cuentas con una época especialmente infame en Chile, la de los años 80. Y claro, los padres no podían quedar fuera de un ajusticiamiento que se precie de serlo. A veces, o más bien casi siempre, el simple acto de volver a casa se convierte en una empresa complicada y dolorosa» (Juan Manuel Vial, La Tercera).

«Formas de volver a casa -quizás como debe ser una buena novela- cruza por varios géneros y no pertenece a ninguno: posee algo de novela política (porque las circunstancias históricas coinciden con los años posteriores al golpe militar del 73), pero no es una novela acerca de la dictadura; en ambos relatos, hay una historia de amor, aunque sería inexacto señalar que se trata tan sólo de eso; es una novela de formación de un escritor, de las dificultades de escribir, del compromiso y, a la vez, de su malestar con respecto a la literatura y su condena a seguir en enlazado a ella... La estructura de la novela es clara y sólida y, sobre todo, no parece fruto sólo de un ardid. Zambra transmite una sinceridad real: no puede contar una historia sino que, además, quiere contar la historia de la historia. Ambas le interesan, no se sabe cuál más cuál menos. Ya en una, ya en la otra, es sensible, perceptivo, inteligente y atento a los detalles significativos y, en muchos momentos de la obra, el lector siente, como el narrador mismo le dice a un amigo escritor: "Eso no lo inventaste, ocurrió así"» (Pedro Gandolfo, El Mercurio).

«El juego metaliterario y autográfico recuerda al mejor Coetzee, una resonancia que se extiende al rasgo más distintivo del estilo de Zambra, que -como el del mismo Coetzee, aunque de muy otra forma- viene a ser la frugalidad, término que connota ascéticamente su poquedad, su laconismo» (Ignacio Echevarría, El Mercurio).

«La mayor virtud del libro está, precisamente, en haber creado una intensidad narrativa (en lo político, en los sentimental, en lo intelectual, en lo generacional) con una realidad que se nos escapa continuamente de las manos» (J.A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia).

«El poeta chileno ha tejido una novela con una estructura admirable y un contenido asombroso por valiente, original y comprometido. Ojalá hubiera más como él, porque de nada sirve el virtuosismo sin ideas, de nada sirve rizar el rizo sin una melodía sólida que obligue al lector a esforzarse y dirigir su pupila a un lugar que trascienda la página cuando hemos cerrado el libro» (Jordi Corominas, Revista de Letras).

«La extrema habilidad de Alejandro Zambra hace que la novela no sea una pieza acerca de una familia chilena, de un tiempo determinado, sino que convierte su narración en algo universal, pues pocas familias se salvan de esos sonoros mutismos que crean desconcierto y dudas en los hijos» (Cayetano Sánchez, Canarias 7).

«Una novela sobre el regreso a la memoria, al recuerdo, a la pieza de la infancia, pero ya desde una distancia irrecuperable, a distancia de la mirada adulta» (Rodrigo Pinto, El Sábado).

«Una novela que nos sorprende, una lectura estimulante que reclama lectores atentos, una obra a la vez joven y madura: un antídoto contra lo fácil, lo epidérmico, o lo gratuito y excesivo. Buena literatura de este nuestro tiempo» (Luis Alonso Girgado, El Ideal Gallego).

«Formas de volver a casa es un melancólico ajuste de cuentas con el pasado de Chile, con los padres de la generación a la que pertenece el propio Zambra» (J. Ernesto Ayala-Dip, El Correo Español).

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